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La Magdalena, expediente X

ISABEL CEBRIÁN. Zaragoza 22/01/2010 a las 06:00

No es el Raval barcelonés, ni ha merecido tanta atención como el Lavapiés madrileño. A años luz de ser el Soho londinense… está la Magdalena. En un radio de apenas 500 metros, en torno a la iglesia mudéjar, han brotado en el pasado reciente todo tipo de propuestas creativas, ligadas al carácter combativo del barrio zaragozano y a su multiculturalidad. “Es un importante foco cultural a nivel musical, artístico, de gente que hace cortos… solamente hay que darse una vuelta por los diferentes locales”, explican Jaume Esteve y Dani Hernando, de la AA. VV. Arrebato, lugar de referencia musical y ahora en periodo de ‘standby’, mientras se adaptan a la normativa urbanística.

“Si hay un barrio creativo en Zaragoza, ese es la Magdalena”, opina Chus Blasco en su bar, el Entalto, en la calle Mayor. Pero su opinión no coincide con la de Jesús Pedro Lorente, profesor de Historia del Arte y coordinador el libro ‘Arte en el espacio público: barrios artísticos y revitalización urbana’. “No es todavía un barrio artístico como yo lo defino -alta concentración de talleres, galerías y museos, de academias, artistas en la calle y lugar de reunión de la bohemia artística-. Hay cierta retroalimentación entre el Centro de Historia y los grafitis, hay anticuarios y talleres, pero el efecto de este museo no ha sido el mismo que si hubiera sido un auténtico centro de cultura contemporánea”, opina el profesor.

Pero tiene potencial. A pesar de la degradación a la que estuvo sometido años atrás -concentración de población excluida, edificios ruinosos, el fantasma de la droga- atrajo, no obstante, y por los bajos alquileres de la zona, a jóvenes artistas y bohemios al barrio. El libro ‘Zaragoza Rebelde’ da buena cuenta del calado de los proyectos políticos y artísticos que se implantaron aquí.

Hoy, todo eso sigue burbujeando. El barrio es la sede de numerosos colectivos de carácter político y social, con un arraigado movimiento vecinal. La presencia de talleres de artistas es notable, entre los que se hace especialmente visible el del colectivo K-Pintas, aunque hay otros -Sintítulo, Albergarte…-. El pintor José Luis Gamboa explica que este colectivo se instaló en 2003 en la calle Doctor Palomar porque “buscábamos un local donde poder trabajar y que tuviera una puerta cercana al público, a pie de calle. Nos gustó la ubicación y el precio y era propicio para montar una galería, un sitio donde exponer”.

También la presencia del arte público, sobre todo del grafiti, ha sido importante. De forma espontánea y clandestina -aunque las brigadas municipales hayan borrado muchos murales- o con iniciativas ‘dirigidas’, como fue el caso de los diferentes ‘Asaltos’ que se celebraron en el Casco Histórico y que de alguna forma tocaron a la Magdalena. Los responsables de Asalto Producciones explican que “no lo vemos como un lavado de cara, o como irnos a los sitios que ‘molan’. Es el lienzo ideal, y ahora, esas paredes grises transformadas alegran el paseo”.

 

Negocios creativos

La efervescencia creativa ha llegado también a los negocios, “diferentes” y que dan a través de la música y de la artesanía un valor añadido a sus productos y servicios. Al calor de iniciativas como Modalena, numerosos diseñadores y artesanos se han instalado en el barrio, especialmente en el eje de la calle San Lorenzo -Caótica Taller, Mitte, DdeDos, UnaUna, Humo…- y pretenden hacerse visibles e importantes como un centro de compras alternativo a las grandes superficies. “Aquí los alquileres son más baratos que en el resto del Casco, pero lo más importante es que se nos identifica con artesanía y tenemos un público diferente”, explica Sara Cuesta, diseñadora textil de Mitte.

La receta de barrio cultural tiene otros ingredientes, como la multiculturalidad de su población, -un 20% de inmigrantes- que es patente en La Casa de las Culturas y su concurrida sala insonorizada, donde ensayan más de diez grupos. También es clave la presencia del Centro de Historia, para el que el Ayuntamiento planea un cambio de nombre que refleje su carácter de centro de cultura contemporánea. Recibe 120.000 usos al año, alberga todo tipo de actividades, algunas de ellas directamente conectadas con el barrio, y ha conseguido que vecinos de toda la ciudad entren en esta zona que siempre ha tenido el carácter de una ‘isla’ y que mucha gente sigue’, aunque sea por “desconocimiento de la realidad del barrio”, como opina la arquitecta Patrizia Di Monte, que ha coordinado el proyecto ‘estonoesunsolar’. Ahora, más que nunca, el barrio está en el punto de mira del Ayuntamiento, que de cara a la posibilidad de que Zaragoza sea Capital Cultural Europea en 2016 quiere, mediante diferentes planes -alquileres de estudios baratos, estancias de artistas y talleres de experimentación e incentivar la existencia de nuevos negocios y locales de ocio “blandos” como pequeños restaurantes- convertir a San Pablo y La Magdalena en dos “barrios artísticos”, donde la presencia del arte se haga patente en la calle.

El programa, necesario para algunos, también levanta recelos. Mientras que los diseñadores de Modalena o los pintores de K-Pintas piden que “se cuente con la base”, los bares y restaurantes con una vocación de ser centros de actividad cultural -Entalto, Birosta, Barrio Sur o el Gallizo, por citar algunos- prefieren ir “por su cuenta”, como señala Chus Blasco. Y el plan choca con los planteamientos de la Asociación Vecinal de la Magdalena, que reconoce el carácter creativo del barrio y lo disfruta y potencia desde la sede de su asociación, la Vía Láctea, pero toma los planes de “revitalización del barrio” con “reserva”. “Conocemos ya demasiadas experiencias de otras ciudades en las que con la excusa de la ‘cultura’, se especula y remodela zonas, convirtiéndolas en bonitos decorados vacíos de vida. Se expulsa a la población mas pobre, suben los alquileres, se asfixia toda la creatividad que molesta o no da dinero”. No son los únicos que dudan. En Asalto Producciones se preguntan si se pueden “forzar” desde las políticas culturales estos procesos que, normalmente, son espontáneos. “En la Magdalena es palpable que hay ganas de que sea un barrio creativo pero ¿quiere San Pablo ser un barrio de la música?”, se preguntan. “Los barrios artísticos que a mí me gustan son de generación espontánea”, dice Di Monte y coincide también con Lorente, que cree no obstante que “se puede incentivar y hacer más visible lo que ya existe, mediante campañas de difusión”. “Es cultura por y para la gente, no lo que entienden las instituciones como cultura, y se ha construido con años y esfuerzo”, consideran los miembros de Arrebato,”hay que dejar que se desarrolle y no ponerle la zancadilla”.